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Excelsior, México, D.F.,
viernes 20 de julio de 1923

Una dama de la corte de Carlota
nos relata cómo vivió en México
La soberana que está por morir

La Señora Cordelia Jordan de Degollado
Recordó Ayer la Epoca del Llamado
Imperio de Maximiliano

RELATO QUE ES INTERESANTE

Durante el Efímero Imperio la Referida Dama
Fue Embajadora de Maximiliano Cerca de la
Casa Blanca


Los rumores sobre la gravedad de la ex-Emperatriz Carlota, que fueran publicados en los periódicos europeos y más tarde en la prensa de México, nos indujeron a entrevistar a una respectable octogenaria que vive en esta capital y que pertenecía a la Corte de aquél efímero gobierno imperial de Maximiliano de Hapsburgo.

Vive la anciana señora doña Cordelia Jordan viuda de Degollado, que es la que nos referimos, en un departamento de la casa No. 41 de la calle de Roma, en la colonia Juárez y hasta allí llegamos, haciéndonos acompaññr por nuestro fotógrafo.

Después de indagar con el portero de este inmenso edificio de departamentos, nos presentamos en el que habita la viuda de Degollado y aunque al principio encontramos muchos recelos de parte de las sirvientes que la atiendan, para dejarnos entrar conseguimos al fin de cuentas, obtener de la amable señora un interesante relatos de su vida de la Corte del Emperador.

El departamento que ocupa la viuda de Degollado está sobriamente amueblado y parece que aún hay algunos muebles, retratos y objetos en la sala que pertenecen a aquella época de nuestra historia. Los personajes en los grandes marcos revelan desde luego el tipo de aquellos tiempos, las damas con sus crinolinas y lujosos trajes de tafeta y los hombres con sus levitones estilo Directorio.

Después de que echamos una mirada por la pequeña sala, en cuya mesa también hay algunos albums elegantes y que guardan multitud de retratos muy antiguos, pasamos al saloncito, en donde reposa en un amplio sillón, la anciana señora Degollado.

Nos recibe con mucha amabilidad y nos invita a sentarnos, para lo cual sus dos "amas de compañía", dos mujeres mexicanas vestidas con esmerado áseo aunque con la modestia de nuestras sirvientes, nos acercan unas sillas y se colocan inmediatamente junto a la señora, mietras una perrita chihuahueña refunfuña y amenaza con mordernos, desde su cajita donde dormía cuando llegamos y que está muy cerca de los pies de la anciana.

La viuda de Degollado tiene aún algunos restos de su antigua grandeza, sentada en su inmenso sillón, cobre sus piernas con un fino poncho de lana y lleva puesta una amplia blusa crema y azul, cubriendo su cabeza blanca, una delicada cofia de encaje irlandés.

Su excusa de haberse resistido a recibirnos, debido a que vive sola y justamente abriga temores de quer intenten robarla, ya que no tiene más compañía que cuatro sirvientes y su "ama de llaves", Antonia, a la que trata con suma cariño y que es precisamente la que nos ha abierto la puerta.

Nuestra distinguida entrevistada, nos explica que ha perdido casi totalmente la vista y que además no puede moverse de su asiento, por haber sufrido una seria caída hace unos veinte años, cuando paseaba en su "buggy" y el caballo se desbocó, arrejándola al suelo. También nos dice que los últimos años ha sufrido tres graves pulmonias, que la tuvieron al pie del sepulcro; pero que finalmente se ha repuesto, sólo que los años también han causado grandes estragos en ella.


FUE EMBAJADORA EN WASHINGTON

Nos informamos por ella misma, que es americana y nació en el Estado de Virginia habiendo contraido matrimonio con el señor Mariano Degollado, cuando apenas cursaba sus estudios en una universidad cercana a la ciudad de Washington.

La familia Jordan radicaba entonces en las proximidades de dicha universidad y con este motivo conoció al joven Degollado, con quien cultivó por algún tiempo amistad y después de largo noviazgo celebraron sus nupcios en una iglesia católica de la misma comarca.

Poco tiempo después se desarrollaron en México los sucesos históricos en los que su esposo había de tomar muy directa participación, habiendo venido ambos a México cuando acababa de coronarse Emperador el Príncipe Maximiliano.

La señora nos hace el relato de esta trágica época de México, en un claro inglés, usando el español muy pocas veces, pues nos dice que la domina muy mal. Precisamente nos llamó la atención que a sus sirvientas les hablara en inglés y que no obstante no hablar ellas una sola palabra del idioma, se habían al fin acostumbrado a comprendarla.

Muy pronto se relacionó don Mariano Degollado con los hombres de aquel gobierno y su esposa fue nombrada Dama de Palacio, mientras a él lo hacía el Emperador uno de sus favoritos chambelanes, y nos cuenta la anciana, que el Emperador llegó a tener por él una verdadera simpatía.


REMINISCENCIAS DE AQUELLOS TIEMPOS

Poco a poco va entrando en detalles la estimable anciana y nos cuenta algunos pormenores de la vida de la Corte. Nosotros procuramos recoger todo lo que sale de sus labios y nos parece a veces que es la misma historia la que nos está hablando.

"¿Porqué mataron a Maximiliano? ¡Ah! Yo creo que no deberieron hacer eso. El era muy bueno y México perdió mucho en el cariño de todos".

A cada momento la señora lanza alguna exclamación y parece que sus hundidos ojos van a nublarse con el llanto.

Después nos dice que el Emperador se preocupaba mucho por los demás y que tenía un especial predilección por socorrer a los pobres. Lo mismo la Emperatriz Carlota hacía constantemente obras de caridad y casi nunca hablaba en las conversaciones de la Corte de otra cosa que no fuera sobre alguna fiesta para auxiliar a los menesterosos.

"Todavía recuerdo muy bien del día que despedimos al Emperador, cuando salía para Querétaro. Eran días muy amargos y desde esa fecha puede decirse que comenzaron grandes penalidades para nosotros. El fusilamiento de Maximiliano y de sus fieles generales, nos causó verdadera consternación. Apenas lo podíamos creer y cuando ya convencidos de lo que había sucedido, tuvimos que emigrar para Guatemala, en donde el Presidente Cerna nos había ofrecido hospitalidad a todos los desterrados.

Después nos dice la señora de Degollado que durante el imperio la ciudad estaba mejor, más tranquila, más aseada y había una excelente situación económica que en los años posteriores.

"No me atrevería a decir que estaba mejor que ahora, eso sí no—nos dijo—porque ahora naturalmente se ha progresado mucho; pero sí había mucha tranquilidad y todo el pueblo estaba contento".

Hacía algunos meses que había llegado a México el señor Degollado, cuando recibió su nombramiento de Embajador Imperial en Washington, para donde salió acompañada de su esposa.

Sin embargo, como el Gobierno de Maximiliano no había sido reconocido por los Estados Unidos, nos dice la señora que nunca pudieron ser recibidos en la Casa Blanca, habiendo entonces salido para Nueva York, a fin de encargarse de l Consulado Imperial de México.

Allí estuvieron algunos meses, cuando fueron llamados nuevamente por el Emperador y antes de salir, hicieron entregar de las oficinas, más veinte mil dólares en efectivo, a un sudamericano cuyo nombre no recuerda bien la señora Degollado. El hecho es que muy poco tiempo después, el citado sudamericano desapareció con los 20 mil dólares.

Siguieron viniendo en la Corte hasta su derrocamiento. El lujo que entonces había, era verdadermante imperial; la Emperatriz Carlota procuraba imprimir en la vida de Palacio el lujo más exagerado, semejante al de las cortes europeas.

Después en el exilio, el señor Degollado fue nombrado Gobernador de la costa del Atlántico, por el Presidente de Guatemala, habiendo permanecido en aquél durante los cuatro años posteriores al fusilamiento de Maximiliano. Pudieron regresar a México cuando el Presidente Juárez declaró para todos ellos una amnestía general.

Preguntamos a la señora Jordan de Degollado cuál era su impresión respecto a don Benito Juárez y lo mismo, que nos dijiera algo sobre los hombres de aquella época; pero se rehusó a hablar de ellos, porque nunca le ha gustado mucho la política.

También nos informó que desde hace 50 años ha permanecido en México y aunque la mayor parte de ese tiempo ha estado encerrada en sus habitaciones, sin embargo, ha conocido muchos de los episodios de nuestra historia.

Tiene algunos parientes en el estado de Virginia y nunca tuvo hijos. Sus sobrinos en los Estados Unidos son los que cuidan sus propiedades y le envían periodicamente algunos fondos para sus gastos. Todo su mundo en México esta limitado a la sirvienta Antonia, sus cuatro criadas más y su "Chiquita", que es la perrita chihuahueña, que durante nuestra entrevista nunca cesó de mirarnos con sus brillantes ojillos, como invitándonos a salir, porque nos consideraba unos intrusos.

La señora Degollado nos habló también de la señora doña Guadalupe Orán, quien vive aun y que con ella y la Emperatriz Carlota, son probablemente los tres últimas damas que quedan restos a aquel efímero reinado. Todavía hace unos diez años recibían algunas cartas de la Emperatriz Carlota; pero desde entonces no ha tenido ninguna noticia de ella, sólo la que anunciamos en nuesta visita, sobre su delicadísima estado de salud.

Nada le impresiona ya la señora Degollado y sinceramente creemos que la propria muerte de la ex-Emperatriz, la hubiera escuchado con toda naturalidad, pues cuando nos decía que ambas tienen apróximadamente la misma edad, agrego:

"Poor Carlota, she suffered very much". (Poor Carlota, ella sufrió mucho.)

No quisimos fatigar mucho a la anciana, trayéndole a la mente todos aquellos recuerdos y creímos conveniente despedirnos de ella y nos despedimos también de Antonia, su amable y cariñosa compañera, así como de la "Chiquita", la perrita fiel que con tanta humildad se duerme en su regazo.